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Cito textualmente:

“Ese poder de convicción es algo que a todo escritor le cuesta mantener, y sobre todo en cuanto toma conciencia de él. Fitzgerald se desmoronó cuando el mundo dejó de bailar al son de su música; la confianza de Faulkner se hundió cuando tuvo que enfrentarse a negros del siglo veinte, en vez de a los símbolos negros de sus libros; y cuando Dos Passos intentó cambiar sus convicciones perdió su poder.

Hoy tenemos a Mailer, a Jhones y a Styron, tres grandes escritores en potencia, atascados en lo que parece ser una crisis de valores, provocada, como la de Hemingway, por la naturaleza ruin de un mundo que no se está quieto el tiempo suficiente para que ellos lo vean bien como un todo.

No es sólo una crisis de escritores, pero ellos son las víctimas más patentes porque la función teórica del arte es poner en orden en el caos, orden ya difícil de cumplir si el caos es estático, y tarea sobrehumana en una época en que el caos se está multiplicando”

(Hunter S. Thompson, La gran caza del tiburón)

 

Recuerdo haberle dado vueltas a esta idea… ¿Cómo voy a plasmar una impresión, cómo voy a fotografiar la realidad, si ésta no para de moverse? El mundo cambia demasiado deprisa. Muchas de mis convicciones personales no son férreas. Han cambiado con el tiempo. Se han doblado como plastilina y ése ha sido un handicap que, en ocasiones, ha estado ahí para mí a la hora de escribir. La realidad salía movida en las fotos. Podías tratar de encuadrarla, pero tan pronto como te zambullías en su piscina, te dabas cuenta de que había otros puntos de vista, quizás más convincentes según el momento, en los que no te habías parado a pensar. Thompson tenía razón: Un escritor necesita poder de convicción. Sólo que, si llegado el caso titubea, se desconcierta, se le jode la brújula, no le quedan más opciones: O reciclarse, adaptarse, fluir, buscar otro iceberg desde el que erigir una nueva bandera… o morir dejando una bonita estela en el firmamento.

Los textos. La literatura. Las historias. Al final ves que no son más que los ecos lejanos de la luz de esa estrella que dejó de brillar y ahora es una roca fría, un fósil testimonial del pensamiento humano. O peor aún, que lo que ayer te iluminó, hoy es un agujero negro que, más que brillar, lo llena todo de vacío. Parece que no, pero es duro ser cazador de burbujas a perdigonazos.

 

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